domingo, 17 de noviembre de 2013

Valentina

Por Lauri García Dueñas






Eric Martel cree que Valentina es demasiado sugerente. O que su trama es muy rara. Yo creo todo lo contrario.
A mí, Valentina me ha enseñado cuáles son los cómics o novelas gráficas que me gustan.
Guido Crepax, italiano, ya había conseguido en 1967 con “La fuerza de la gravedad” lo que cualquier ilustrador desearía: un estilo, un encuentro entre las bellas artes y la historieta.


Porque los dibujos de Crepax son, cada uno de ellos, una obra de arte que, si yo fuera museógrafa, los colgaría en una sala especial.


“La fuerza de la gravedad” relata los recuerdos de un cerebro electrónico, traducidos de una lengua desconocida y narrados de forma clara e inteligible.
Retrata la historia de dos mujeres casi iguales, unidas por una envidia imitativa: Zelda y Martha, y de Valentina, por supuesto, nuestra heroína suave y sensual.


 
Utilizando un trazo barroco y churruburesco, antecedente del cómic estadounidense o inglés (hasta me recordó al posterior Dick Tracy); Crepax logra amalgamar afortunadamente argumento y gráfica.
Valentina es una mujer que al final no se reivindica, ni lo necesita, sino que, lastimosamente, como en esta época, es el cerebro electrónico el que se saldrá con la suya.



La femineidad para Crepax está sugerida en un cuerpo fino, no voluptuoso, de una mujer que puede someter a otra utilizando un bozal.
Hay una araña gigante, psicoanalistas (nunca pueden faltar), inyecciones, hermosísimos dibujos anti-gravedad, la mirada de Valentina (húmeda y temblorosa) y su cuerpo aparentemente débil.
Por supuesto, Valentina se vengará del hombre que la hizo recluirse en el manicomio: Rembrant. Y observará al lector con medias y látigos y sus enormes ojos fijos.
Imposible resistirse. Mi libro favorito aquí en Global Comics. Yo que vos, me llevaría a Valentina a casa.


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